Mostrando entradas con la etiqueta microrelatos.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta microrelatos.. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Yo, puta.


Yo, puta. De las de saldo y esquina. Por vocación, porque no sé hacer otra cosa, por joder. Yo que sé. No lo elegí o lo hice a medias. Ni siquiera me acuerdo. Por aquél entonces era joven y dije ‘solo una temporadita’. Y aquí me tienes, perra vieja y sin saber hacer otra cosa. Porque eso sí, follar se me da de puta madre. Y mis orgasmos ganan el ojcar a la mejor actriz del jolibú ese tía.

Los clientes son todos muy simples.
Vienen, me cogen, me preguntan casi avergonzados que cuanto cuesta. Me poseen a medias, creen en mis gritos de satisfacción y se sienten mas machos por haberle dado lo suyo a una puta y contarlo a los colegas en el bar. Lo que no les cuentan es que la zorra llora después de cada polvo. Que se ducha obsesivamente intentando borrar los rastros de todos los hombres que la han querido mal. Que tiene la habitación llena de recortes de periódico de quien sabe que.

Así que nada, mi vida es una mierda y lo sé. A veces me gustaría irme a ninguna parte y no volver. Hoy ese sueño es realidad. Después de 56 pastillas moradas empezaré a soñar para siempre.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Aspiraciones.


"Yo en aquellos tiempos era feliz. Tenía todo lo que se podía desear: una mujer guapa, un buga tuneao, mucha mierda y unas ganas increíbles de follar. Vamos, que para qué mas. Mi chica era la mejor novia del mundo. La Lola había despuntado ya desde pequeña, con sus tetas como pequeños planetas, su boca de vicio y sus ganas incansables de joder. Que ni las mejores putas de lujo joder. Solo había problema tronco, un puto marrón que lo jodía todo: la muy maldita se metía de mierda como si no hubiera un mañana. Todos los putos camiones que subían del moro llenos no habrían sido suficientes para ella. Era una yonki (de mierda). Total, que la tipa estaba buenísima pero cuando iba metida nunca quería follar, decía que la daba demasiadas vueltas la habitación y que no coño Jose, por detrás no que duele. Un marronazo que te cagas. Y la tía venga a ponerse y a irse de fiestas. Y a joderse la vida. Nadie lo habría dicho. La Lola, la Lolita, la tipa dura del barrio. Que llevarla de la mano era como llevar un ferrari, todos los tíos salidos de mierda del callejón babeando y suspirando por ser yo. Y nada, que la tipa se me fue muriendo. Como las plantas, que primero se les caen las hojas y cuando solo queda el tronco acaban por romperse y resquebrajarse. Creo que no sufrió. Ella pensaría que iba a meterse un chute y punto, y que con el lotazo que se iba a pillar la dejaría de doler la cabeza. Que hacía días que la tenía loca, mari. La verdad es que por esa época yo también iba bastante metido y no me acuerdo de mucho. Se puso guapa y me dijo que se iba donde la meta un rato, que iba corta de pasta y la hacía falta un poco de algo. Y que si la daba un piti, que joder tito, no tengo ni pa fumá. Yo me quedé en casa sobando, que suficiente tenía como para encima peregrinar con ella. La verdad es que en esa época no nos reíamos mucho. Y ná, que a las horas vinieron los verdes a mi casa diciéndome que si conocía yo a Lola López, que me tenían que dar una noticia. Y yo me puse a gritar como un loco que no, que la Lola no traficaba, y me cogí un cabreo de aúpa. Y el puto madero que me miraba y tal. Y al final, que no tronco, que no, que la Lola la había palmao. Joder y re-joder. Y ná tito, ná, que se me fue un poco la bola y le pegué al madero, cogí toda la pasta que me quedaba y me fui donde los colegas. Me bebí todo el puto bar buscandola en el fondo de cada vaso. Me metí todas las rallas del mundo intentando verla en cada rastro de polvo blanco. Y no estaba coño, no estaba. Tío, la Lola sa muerto. Y nada, que se ve que se me fue la flapa mazo y acabé atizándole a un pobre pringao que me intentó decir que mi nena estaba muerta y que porque no me iba casa. Y ya no me acuerdo de mas. Me desperté y estaba en un sitio to blanco, que nunca había visto una casa tan blanca. Y ahora soy un hombre nuevo. Muy nuevo. Ná, cari, que me bajo en la próxima, encantao d'haberte conocío, titi. Tómate la última por mí.

[José se bajó del metro en la plaza de Urquinaona, no tuve tiempo a preguntarle adonde iba, pero estoy segura que iba a un lugar mejor del que venía.]

jueves, 24 de diciembre de 2009

vida en blanco.

Jota me ha pasado una papelina hoy, jaco del bueno. Alucina que te cagas. Me he cogido un vuelo sideral y he bajado sin paracaídas. He salido a la calle y las paredes se movían , tronco, se movían lo imposible. Pero yo soy un tío decente, eh, que solo me gusta del bueno. Los polvos de lavadora pa los pringaos. No te vayas a creer que soy una mierda de yonki. No señor, yo soy dro-ga-dic-to, el señor drogadicto, con todas las letras, que mi nariz solo aspira polvo de primera clase. Porque no todo es bueno, sabes? Yo solo con olerlo lo sé. Y sabes porque lo sé, colega ¿? Porque tengo un olfato de perro adicto que te cagas. Como los de la policía pero en versión molona. Y cuando no tengo dinero, vengo aquí, a la cola de la meta como un gilipollas para pasarme el mono de mierda. No consuela, pero joder, la necesito. Sé que nunca lo entenderás, pero si no esnifo, me siento vacío. Me siento la puta sangre espesa y las malditas venas colapsadas. Y no me gusta, tío, no me gusta, que yo quiero ser feliz. Me entiendes? Solo ser feliz.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Irene.

Irene es una chica guay. Fuma el tabaco de liar que guarda en su pitillera verde al salir de instituto. En su bolso de color negro no hay un solo bolígrafo, estudiar no le interesa, ella quiere ser actriz. Actriz de cine y películas. Mujer fatal. Ella quiere ser la chica pop. Y le da igual todo lo que tenga que sacrificar para conseguirlo. Al llegar a casa, tras un largo camino escuchando la musica provinente de su ipod y andando como si estuviera en un videoclip, tira el bolso encima de la cama y se mira en el espejo. Se levanta la camiseta y se inspecciona las costillas. Las muy hijas de puta .. ¡no se han movido ni un cm! Tanto ayuno para nada? Y sin esperar mas, se tira al suelo y echa a llorar. De impotencia. De soledad. Irene sabe que esto no es vivir, pero tampoco sabe que otra cosa podría hacer . .

sábado, 12 de diciembre de 2009

pequeños recuerdos.

Caminando en linea recta no puede llegar uno muy lejos. Mamá siempre decía que los que andan en línea recta tienen poca imaginación. Que el camino recto hacia cualquier parte era el mas fácil, pero también el mas aburrido. Me imagino que sí, que tenía mucha razón. Cuando yo era pequeña mamá me llevaba siempre por los caminitos que bajaban hasta la escuela, que estaban llenos de nieve en invierno, flores en primavera y sapos en otoño. Mientras bajábamos aprovechaba para contarme historias, historias sobre cualquier cosa que se la pasara por la cabeza. En el colegio siempre me decían que mamá era excéntrica….. yo ni siquiera sabía que significaba esa palabra. Un día se lo pregunté a mamá y ella se echó a llorar. Y yo sigo preguntándome… que tenía de malo ser excéntrica?

jueves, 10 de diciembre de 2009

La primera vez.

La primera vez que follé tenía 19 años. Era un 13 de noviembre, y me moría por él. Me moría tanto que podría haberle hecho el amor hasta desfallecer. Nunca había sentido el sexo tan adentro, ni había tenido tantas ganas. Él era maravilloso, y yo a su lado, una niña. Una niña tonta que le bailaba el agua y le cantaba cuentos. Nunca me escribió cartas de amor, ni me dijo que me quería. A veces, incluso se olvidaba que existía. Y me dolía, me dolía pero volvía como un adicto vuelve a su droga. A ciegas. Con todas las consecuencias. Sin pensar. Porque esa yo hecha de impulsos no pensaba, se limitaba a dejarse ciega encima de los tablones de madera de ese suelo. A dejarse mientras él empujaba y resoplaba como un animal. A darle todo lo que podía ofrecer. Y el resto del tiempo contaba los segundos para sentir esa sensación. Para tenerle tan adentro que no pudiera salir. Vivía hecha de recuerdos, con el corazón de rodillas. Y le quería como nunca había querido a nadie. Como solo se quiere al primer amor. Al primer polvo. Al primer viaje a las estrellas. Le quería como solo se quiere a la primera persona por quien matarías monstruos. Hasta que el me mató a mí.

sábado, 28 de noviembre de 2009

La tormenta.

Cuando salió a la calle aún no llovía. Sus tacones hacían ruido al chocar con el asfalto mientras ella corría hacia su destino. Aún no había llegado a la boca del metro que empezaron a caer los primeros goterones , iba a ser una bonita tarde de lluvia. Sin poder evitarlo entró en el metro empapada mientras intentaba recomponer su aspecto. Ese día iba a ser un gran día, o al menos eso parecía. Su amigo D la había invitado a tomar algo, y ella se había puesto sus mejores galas y su mejor sonrisa para acudir. Solo ellos sabían lo que iba a ocurrir. 5 minutos antes de llegar a su destino, una parada cerca de las afueras de la ciudad, un vibrazo le sacudió el bolsillo y le iluminó la pantalla del móvil, ¿ estas cerca, pequeña ?, he venido con el paraguas a por ti. Y con una sonrisa de oreja a oreja, cogió el bolso, se apeó del metro y dejó que empezara el primer día del resto de su vida.

lunes, 7 de septiembre de 2009

bailarinas .

Ellas jugaban con el equilibrio, sometían sus cuerpos a la mas estricta dictadura. Sabían recomponerse justo antes de romperse, convertían la delgadez en deporte nacional. Y nunca dejaban de comportarse cual bailarinas sin zapatos, cautelosas, siguiendo un ritmo invisible. Hasta los huesos, hasta caerse enteras, hasta no poder mas. Jugando con el joker y la muerte día a día. Porque ya no les daba miedo, habían estado tan cerca que ya no les daba miedo. Ellas, niñas sin muñecas, dulces espectros de lo que habían sido. Sombras, pedazos. Y por supuesto todas se acordaban de cómo habían empezado, de lo facil que había sido. Y de ese equilibrio que cada vez era mas imposible, de esas manos cada vez mas pequeñas. Justo ahora y solo ahora empezaban a comprender que el juego era para siempre, que no se podía volver atrás. . .