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lunes, 13 de julio de 2009

esperar . . .

Tenía las manos rotas de tanto trabajar. De las comisuras de sus labios colgaba una sonrisa rota, estropeada de tanto llorar. Tenía los ojos mas tristes del mundo, tanto que los que la conocían decían que había enloquecido de tanta tristeza, que no hablaba, que los veranos le resbalaban en la nuca y los inviernos le helaban los pies. Y que tenía el corazón negro, podrido, roto, maltrecho y ajado. Que se había cansado de esperar. Que se dio a la bebida y a la mala vida cuando la mala suerte empezó a perseguirla. Que se perdió en todos los bares posibles y se ahogó en el fondo de todas las copas. Y que un día se cansó, se cansó y se sentó a esperar en una silla de aquella plaza a ver si le cambiaba la vida . . .